Entradas populares

jueves, 15 de septiembre de 2011

Cristina se escribe con "c" de Catalina

Intento retomar mi historia inconclusa, la de las trescientas temporadas. No retomarla en la práctica... escribirla. No me sale del alma. Claro... cómo me va a salir del alma si ya no la recuerdo desde allí?

Fue una historia tediosa, pese a los altibajos. Fue larga, pese a lo ínfimo de su compañía. Infinitas gracias le doy al cielo por haberme dado un poco del principio de realidad que tanto se me escapaba cuando lo miraba.

Les pido perdón de antemano por lo maluco que van a pasar leyendo esta "entrada", les advierto que no es interesante, no tiene gracia ni garbo.... es solo el cierre personal de un tipo maluco, sin gracia. Y mi pregunta es sencilla: cómo puedo tornarse tan plano este sentir?

Te amo.... silencio
Te adoro.... pausa
Qué me hiciste... ausencia.

Les queda claro?

Con C de Cristina se escribe "cerrado".

viernes, 8 de abril de 2011

Prefiero un buen puerto que un mal barco

Primera temporada - arriba las manos.

Corría el mes de agosto de 2002.  Los vientos parecían soplar suave tras varios huracanes que no vienen al caso. La vida me tenía en un centro de rehabilitación para adictos, por alguna razón, en el rol de psicóloga. Cada día se abría con un mantra religioso que nunca logré memorizar totalmente (la verdad ni un poquito), por lo que mientras todos cerraban con fervor sus ojos para entonarlo, yo movía despacio mis labios con un "msfdndbsm, lkdjaosjnmllkjjda... amén" que encajaba perfecto con el rezo.

Un aquí y ahora... un feedback... un taller... preguntas, respuestas... consultas individuales... lágrimas... puertas cerrándose, otras abriéndose... un buen café... un buen varillo y para la casa. 

Así transcurrían los días a mis 25 años, bastante rutinarios y letárgicos para mi gusto (de ese entonces). Una mañana, llegué como siempre al trabajo. El rezo lo lideró el psicólogo en jefe, pues mi reloj biológico me impedía - y aún trata de hacerlo - llegar a tiempo a cualquier parte. Cuando entré al salón para el aquí y ahora, todos los "usuarios" del centro estaban juiciosos y quietos sentados en sus sillas. Había una cara nueva.

Hombre blanco, rubio, ojos azules, 20 años tal vez, alcohólico, estudiante de Derecho, familia al borde de la desesperación, novia que renunció al tipo, inteligente, humor negro, graduado como sapwala, absolutamente atento a todo lo que se decía. Luego de las presentaciones e introducciones de rigor para los nuevos, entramos en materia con un taller sobre cualquier cosa, qué se yo... sentido de vida, familia y valores... sexo y drogas... en fin. Su mirada fija sobre mis palabras no cesó por días y semanas.

Dos meses más tarde, la mañana era calurosa, la cama pequeña y el sexo insaciable. Su padre tocaba la puerta con rabia mientras tratábamos de vestirnos y organizarnos para, al abrir, poner cara de ingenuos, rojos, sudorosos y felices. La ambivalencia y la polaridad nos dominaron desde un inicio. Mientras yo apoyaba desde el centro su desintoxicación del alcohol, él acolitaba mis trabas y las gozaba. Su familia me veía como el ángel que ayudó a su hijo a salir de la bebida, mientras se percataban de que era un demonio que se tiraba al muchacho en cualquier sitio donde hubiera aire. Muchas noches entraba y salía por la ventana de un cuarto de la casa de mi abuelo que quedaba en un primer piso para gloria de los dos. 

Alguna vez nos fuimos de paseo con mi familia a un hotel en el Quindío donde las habitaciones eran grandes salones con varias camas y un baño en el que nos encontrábamos a las 3:00 a.m. mientras todos dormían plácidamente. Cuando nuestras saturnales se aquietaban, yo salía primero, iba a la cama, me acostaba y escuchaba plácida los pasos que daba mientras salía, caminaba hasta su cama y se acostaba. Una de esas noches post-baño llegué hasta mi cama, me acosté y lo siguiente que escuche a sus primeros pasos fue un grito desgarrador de mi abuelita, seguido de un grito de pánico de él,  que se sostuvieron al unísono durante varios segundos. Pensando que había llegado a su cama, él se acostó al lado de mi abuela, a quien nadie, pero nadie osa acostársele al lado nunca.

Pasamos buenos momentos hasta que aquella novia que había renunciado al tipo se preguntó "¿y por qué a esa le toca el bueno y a mí me tocó el malo?", y acto seguido, él se prestó desinteresadamente a ser el bueno de la pobre mujer solitaria.

Fin primera temporada.

lunes, 7 de marzo de 2011

A cuatro semanas del diván de palo.

¿A qué mujer, madresoltera, con un trabajo de sol a sol, luchando con el ingreso a la "edad madura", viéndoselas como ejemplo de una maestra de seis años, y en su sano juicio, se le ocurre que va a tener tiempo además de escribir un blog?
R/ A una que no está en "su sano juicio". A mí.
A cuatro semanas de lanzar con bombos y platillos el diván de palo, de enviar el enlace a los cuatro amigos que en mi imaginario podrían ser lo suficientemente curiosos como para querer saber las historias desvanecidas en el tiempo de esta mujer (refiérase al primer párrafo), el balance no puede ser más alentador... un seguidor! Bueno realmente una seguidora. ah, y una amiga que llamó y dijo: "qué es esa vaina de palo? se me perdió el enlace". A ellas, mil y mil gracias.... hacen que estar escribiendo al escondido de la jefa (a quien por cariño profundo le digo Gadafi), tenga sentido.
Y no es que esta mañana tenga menos trabajo. Es que Gadafi no está y tengo tristeza... No de esa que se une a la mamera existencial y dan ganas de salir corriendo. No. Es más una tristeza que da miedo. Es un dolor bonito que preferirías no estar sintiendo. El Puerto... aún es nítido el recuerdo de su voz preguntándome hace 16 años cuando éramos par adoletontos toreando hormonas: "¿cuánto se gana tu papá?"
- Perdón? (le preguntaría hoy).
- Tanto. (le contesté ese día).
Aún no tengo claro por qué me llega este recuerdo siendo lunes siete de marzo a las 11:00 a.m. (puede que a partir de hoy tenga cero seguidores, qué se le va a hacer).
El Puerto es, palabras más-palabras menos, el amor de mi primera vida. El "niño" del que me enamoré cuando estrenaba el enamoramiento (no el noviazgo). Era perfecto. Inteligente, buen sentido del humor, buena voz, buen polvo (esto último lo descubrí un jueves santo en el que el objetivo era confirmar si la gente se quedaba pegada o no. Después de ese jueves, nunca nos volvimos a presentar la empelotez).


Se me iban las horas oyéndolo cantar... y se me iban las noches escribiéndole a la imposibilidad de ese amor. No es que fuera un amor imposible en realidad, es que no queríamos estar juntos... yo necesitaba que fuera "imposible" para que la inspiración llegara a mis letras y él necesitaba que fuera "imposible" para poderse tirar a la profesora de música y luego a su cuñada. Era una imposibilidad por conveniencia.
Cuando crecimos me fui enamorando más... yo tenía un novio con el que pasé la etapa de la relación patológica, y el tenía mujeres por montón. Él iba a estudiar música y yo me iba de aquel pueblo blanco donde vivíamos a estudiar artes. (la distancia fue un ingrediente maravilloso). Me grabó un caset con canciones cantadas por él, y yo jugaba a que "cómo decirte" era para mí. Volaba a mis 18. Por cosas de la vida que aún no tengo claras en el caso de El Puerto, yo renuncié a las artes y me convertí en psicóloga, y él suspendió su música y se convirtió (creo) en sociólogo.
Y llegó el bache. Un mundo de años sordomudos a nuestra historia en los que sólo tengo parte de este lado. Algunos hombres, muchas camas, un matrimonio, dos bares, una venta de arte, hierba, licor, una hija, una separación, una especialización y dos tinieblos, son mis cuentas alegres (para mayor información vuélvase seguidor de eldivandepalo y en unos años podría conocer estas historias).
Y llegó el facebook. Parecía como si el tiempo se hubiera suspendido en el firmamento. Ahí estaba... sonriente, solitario, más radical de lo que me hubiera imaginado y con un dolor de patria que socavaba su corazón y su fe. Se me antojaba sin esperanza, abrumado, devastado por un país en el que ya no le existía nada de lo que soñaba. Para cuando llegó el período electoral de presidente de la república, su dolor se había convertido en ira y su desesperanza en desespero. Yo solo podía leer sus palabras cargadas de negro. ..."Siento un dolor tan grande que me está quemando el alma, un dolor tan simple y elemental que me desgarra, que roba día a día mi felicidad, mi calma. Ver tras los cuerpos distraídos como crecen los sueños y las alas, sentir a mi lado la supuesta paz de los hombres y mujeres de latón y pasta.  ...Me produce un sentido dolor que me enceguece, un dolor que siendo el mar también es la playa" (LFG).
Y llegó la paz. "Quiero dedicar mi vida a algo más digno que la vida misma. Siempre habrá muerte, hambre y guerra. Es la vida misma un ser indigno que sufre y se esclaviza. Quiero dedicar mi vida a algo más sublime que la vida misma. Mientras muero, sufro y me asfixio, prefiero narrar la desgracia que me espera con un sonido tenue de instrumento o en un poema recio que se muera lento"....(LFG)


Hubo una mañana de luz intensa en la que la música volvió a su vida, le abrió las puertas a la posibilidad de creer. ..."Julieta, un abrazo en este nuevo año, espero que la pasaras muy bien con tu familia. Primero que todo que foto tan bella la de tu hija, me encanta esa sonrisa. Segundo, tengo tus escritos conmigo. Por fin en estas vacaciones conté con el tiempo de abrir cajas, sacar recuerdos, ver fotos y leer cartas, y entre ellas tus palabras. Tambien puede cantar y leer, y admirar la naturaleza y querer mucho a mi familia. Un poco como recuperar mis fundamentos. En fin, me encantaría verme con vos algún día no muy lejano y conversar, y vernos en el presente para saber si somos o no. Envíame tu dirección de casa, sacaré copias de tus poemas y escritos, y te enviaré cuanto antes los originales. Un beso y un abrazo amiga".(LFG).


Parecía que su dolor se atenuaba y la música lo aliviaba. Hasta esta mañana en que mi alma se quebró en pedacitos muy chiquitos cuando vi que El Puerto... Mi Puerto, invitaba a la gente a hacer "buenas críticas" en un artículo de Anncol. (¿Debería suponer que él siente algo muy similar cada vez que mi lado Furibista se hace sentir? ¿A partir de cuándo las creencias políticas duelen tanto?). Creo saber porque me llega ese nítido recuerdo siendo lunes siete de marzo a las 11:00 a.m. (ya son las 12:35 m). 


"(julietaroseta aprovecha este cajón blanco para seguir divaneando)...Mi querido puerto... mi amado amigo... en qué noche desierta la luna te besa el alma... Veo borrosa tu imagen por esta mañana, no sé si estás loco, no sé si estoy loca... intuyo que el dolor como avalancha te lanzó a costas a las que temo, por las que polarizo mi lucha.... a las que trato de no mirar... yo también tengo cosas que contar-te, aunque presiento estamos en una divergencia muy gris y muy larga. Trato de imaginar tus días y horas durante los últimos 16 años y cómo todo tu tiempo se conecta con mis lágrimas de esta mañana.
No quiero desconocerte... no quiero imaginar tus días sin aprehenderme el contexto de las noches. Necesito saber-te... necesito entender-te...
Voy a pensar-quiero creer que no envías mis escritos porque no estás del todo seguro de querer ser quién te empeñas en ser ahora y que de alguna manera entre esas letras encuentras un aliento de ayer.... Sigue buscándote, yo sé que la vida nos va a regalar una buena tarde, una buena noche, un buen vino y todos los vicios que queramos. (JulietaRoseta)".

viernes, 4 de febrero de 2011

Qué escribe uno en un blog el primer día?

Acá estoy. Sentada frente a mi pantalla pretendiendo saber crear un blog. (que bendigan al que se inventó el "click"). Al principio, créanme, muy al principio, mi idea era atiborrar de hojas llenas de historias a un ser que por ahora llamaremos "El puerto", enviarlas cada semana y al final, muy al final, sentarme a leer mi radiografía. Como todo en la vida cambia, esta idea también.

Corrió el tiempo, en "El puerto" atracaron barcos, llegó el internet y, para ese entonces, la idea era tener un gran archivo en mi PC con hojas llenas de historias para él, enviarlas "vía correo electrónico" y al final, muy al final, sentarme a leer mi radiografía. Todo siguió cambiando. La idea también.

Pasaron los años que yo llamo "fríos" de mi vida, no por que hubieran sido alguna especie de abismo oscuro o faltos de tibieza en el alma, sino por que viví en pueblos que eran realmente gélidos (si así puede definirse algún pueblo del trópico donde no hay nieve). Digamos "vacíos" para no entrar en discusiones térmicas. Yo andaba absorta en mis guerras internas. "El puerto" andaba absorto en descifrar el sinsentido. La idea era convertir esas hojas llenas de historias para él en un libro autobiográfico, por así decirlo, editarlo, imprimirlo y enviárselo "vía correo certificado" y al final, muy al final, sentarme a leer mi radiografía.

Por estos días viendo un capítulo de Dr. House de alguna vieja temporada, descubrí que se puede tener un blog, contarle al mundo qué carajos pasa con uno, y que algún habitante de ese mundo puede llegar a interesarse realmente en eso que a uno le pasa, tanto como para ser un "seguidor"... qué maravilla... yo, simple mortal puedo tener seguidores... cómo no crear una vaina de éstas. La idea es entonces convertir esta pantalla en las hojas llenas de historias para él, para mí, para el mundo.

Y por qué "El Diván de Palo"? no esperen una respuesta demasiado profunda. La verdad, fue lo primero que se me ocurrió tal vez porque soy psicóloga, porque nunca logré ir más de tres veces seguidas donde un mismo analista y, obvio, nunca alcancé a pasar al diván, y porque creo que el mejor diván que he tenido (en su acepción de vehículo de asociación o introspección) es cualquier silla de madera de la barra de cualquier bar donde he tenido un buen parner para hablar, incluido el silencio al que tanto amo cuando hay ruido y al que tanto desprecio cuando me descubro sola.

Acá voy.