Entradas populares

viernes, 4 de febrero de 2011

Qué escribe uno en un blog el primer día?

Acá estoy. Sentada frente a mi pantalla pretendiendo saber crear un blog. (que bendigan al que se inventó el "click"). Al principio, créanme, muy al principio, mi idea era atiborrar de hojas llenas de historias a un ser que por ahora llamaremos "El puerto", enviarlas cada semana y al final, muy al final, sentarme a leer mi radiografía. Como todo en la vida cambia, esta idea también.

Corrió el tiempo, en "El puerto" atracaron barcos, llegó el internet y, para ese entonces, la idea era tener un gran archivo en mi PC con hojas llenas de historias para él, enviarlas "vía correo electrónico" y al final, muy al final, sentarme a leer mi radiografía. Todo siguió cambiando. La idea también.

Pasaron los años que yo llamo "fríos" de mi vida, no por que hubieran sido alguna especie de abismo oscuro o faltos de tibieza en el alma, sino por que viví en pueblos que eran realmente gélidos (si así puede definirse algún pueblo del trópico donde no hay nieve). Digamos "vacíos" para no entrar en discusiones térmicas. Yo andaba absorta en mis guerras internas. "El puerto" andaba absorto en descifrar el sinsentido. La idea era convertir esas hojas llenas de historias para él en un libro autobiográfico, por así decirlo, editarlo, imprimirlo y enviárselo "vía correo certificado" y al final, muy al final, sentarme a leer mi radiografía.

Por estos días viendo un capítulo de Dr. House de alguna vieja temporada, descubrí que se puede tener un blog, contarle al mundo qué carajos pasa con uno, y que algún habitante de ese mundo puede llegar a interesarse realmente en eso que a uno le pasa, tanto como para ser un "seguidor"... qué maravilla... yo, simple mortal puedo tener seguidores... cómo no crear una vaina de éstas. La idea es entonces convertir esta pantalla en las hojas llenas de historias para él, para mí, para el mundo.

Y por qué "El Diván de Palo"? no esperen una respuesta demasiado profunda. La verdad, fue lo primero que se me ocurrió tal vez porque soy psicóloga, porque nunca logré ir más de tres veces seguidas donde un mismo analista y, obvio, nunca alcancé a pasar al diván, y porque creo que el mejor diván que he tenido (en su acepción de vehículo de asociación o introspección) es cualquier silla de madera de la barra de cualquier bar donde he tenido un buen parner para hablar, incluido el silencio al que tanto amo cuando hay ruido y al que tanto desprecio cuando me descubro sola.

Acá voy.